Le tengo una fobia acérrima a sentirme en el limbo, a sentirme en la nada, en una nube sin piso.
Lo detesto, lo odio, no estoy acostumbrado. Es mi peor escenario posible, es mentalmente un estado desgastante, pesimista, inestable, doloroso, desolador.
Cual ironía de la vida, el pan se me acaba de quemar en la puerta del horno. Un pan planeado, metodificado, que me había costado sudor y esfuerzo, físico y mental. Y claro, tengo que decirlo, que había generado en mí una ilusión, así me cueste admitirlo.
He de reconocer que el hecho de asumir algo mentalmente y casi al final de un importante escalón, ver frustrados mis planes, me tira al piso, me arrolla, me subleva, me carcome, me agota.
Agota mi mente, agota mi esencia. Es para mí mentalmente antinatural.
Desde hacía muchísimo tiempo, no me había sentido tan apenado por una noticia. Mi más oscura pesadilla se hizo ayer realidad. He avanzado mucho, pero parece no importar todo lo avanzado, parece no importar todo mi esfuerzo. Estoy aquí, en medio de la nada y profesionalmente hablando, ni siquiera en cero.
La idea no sale de mi cabeza, me atormenta cada hora, cada momento. Puede distraerme unos minutos, pero es un sube y baja que se va y regresa más pronto de lo que se va. Hacía mucho no me sentía en este estado de sopor. Me lleno de incredulidad ante esta triste y burlesca realidad.
La idea no sale de mi cabeza, me atormenta cada hora, cada momento. Puede distraerme unos minutos, pero es un sube y baja que se va y regresa más pronto de lo que se va. Hacía mucho no me sentía en este estado de sopor. Me lleno de incredulidad ante esta triste y burlesca realidad.
Siento que algo se acabó, que alguien se murió, no ha sucedido, pero la sensación es la misma. Es una intensa pena e impotencia. Una cruel frustración que me enerva. Mi cerebro no tiene mucho de tiempo de paz, la idea me rodea y no me deja descansar.
No lo merezco. Estoy muy contrariado. Mi único estímulo para no tirar la toalla es el amor, el amor de quienes creen en mí.
Me esperan duros meses de un duro trabajo y de un mar de lágrimas de sangre. Mi corazón lo presiente.
