El acoso escolar es un fenómeno presente en muchos colegios del país, del mundo entero. Se trata de una forma de violencia directa (golpes, amenazas) o indirecta (burlas, insultos) la cual es sostenida en el tiempo entre víctima y agresor (es).
Este tipo de violencia tiene graves consecuencias no solo para la víctima, sino también para el agresor. Está asociado con pobres niveles de autoestima, escasas habilidades sociales y problemas de adaptación escolar en general.
Lo que resulta sorprendente es que, a pesar de haber muchos adultos en los colegios, el problema del acoso se descuida en la enorme mayoría de casos y no es abordado con prontitud. Al contrario, usualmente los profesores y psicólogos están desinformados sobre esta problemática y tienen una serie de creencias que ayudan a invisibilizar al bullying escolar (son cosas de chicos, son cosas de hombres, deben aprender a defenderse solos, no hay tiempo para niñerías). Todo un sortilegio de ignorantes ideas que solo agravan la situación (y funcionan como un verdadero lavamanos a lo Poncio Pilatos) de la víctima en un medio en el que deberían sentirse respaldados y no abandonados. Un 'juego de niños' deja de serlo cuando convergen características relacionadas a la continuidad e intencionalidad de los agresores, punto clave para reconocer el bullying.
La posición correctiva de un docente, de un director, no es una mera obligación moral, es de hecho, una de sus obligaciones contractuales. El docente, el director tienen la responsabilidad legal de proteger a los niños y adolescentes en casos de acoso y otros hechos lesivos (artículo 18°, incisos A y G del Código de los niños y adolescentes), así como de promover relaciones humanas armoniosas en su institución educativa (artículo 55° inciso B de la Ley general de la educación).
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Testimonio: Ana María, (35)
Mi hija estudia en un colegio privado y religioso donde les enseñan"valores de solidaridad", sufrió el año pasado(6ºgrado) de: Bloqueo y Exclusión social.No me percaté hasta la clausura, en que descubrí que 23 niñas de 25 la ignoraban. Su psicóloga dice que "parece ser que su inmadurez, su ausencia de malicia podrían haber determinado que no tome conciencia real de lo que le hicieron". Pero no descarta que esté ocultando o negándose lo ocurrido. He identificado a la ideóloga, su amiga desde que tenían un año de edad, una niña aparentemente dulce,sutil, hábil, que manipulando consiguió su objetivo:"dejarla sin ninguna amiga". Indagando, algunas niñas que me han confiado lo que les dice, pero tienen miedo que ella se entere y que las deje sin tener amigas también.
Triunfó, probó su poder sobre las otras niñas, es maquiavélica.
Me asusta, pues, ahora que están en secundaria, y a pesar de estar en salones diferentes continúa indisponiéndola con quien puede, ha dicho:"la odio, la odio y no voy a parar hasta que se quede sin ninguna amiga" Tiene fijación por mi hija, no la suelta, la observa y hace que las demás la observen, evidencia sus errores, uñas, parada, etc. Es un acoso indirecto, ella solo instiga, envenena, menosprecia, y busca que las demás no le hablen, ni la inviten. Ha tenido la osadía de mandar a acercarse a una de las nuevas amigas de mi hija, para decirle como puede ser amiga de mi hija si ella se mete el dedo a la nariz.
Hable con la mamá de la instigadora y me dijo que "eran cosas de niñas". He estado investigando el tema de acoso psicológico y sé que esto podría empeorar, si continúa su éxito, podría aumentar la agresión y mi hija podría afectarse mas de lo que probablemente ya está.
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Noticia: Argentina, un adolescente de 16 años asesina a dos alumnos dentro de su salón de clases. Pese a que las
máximas autoridades del Instituto Bernardino Rivadavia donde esta mañana un adolescente de 16 años efectuó disparos
dentro de un aula, habían negado situaciones de acoso escolar, alumnos y padres
de esa división contaron que el joven fue durante años víctima de bullying.
Cuatro
compañeros del chico y dos papás del curso contaron a un medio local que desde
hace mucho tiempo venían advirtiendo a los responsables del establecimiento
educativo que un grupo de alumnos del sexto año agredían cotidianamente al
adolescente."Le bajaban los pantalones adelante de las chicas y le
pegaban. Él es un chico tranquilo, pero evidentemente estaba muy
presionado", relató una de las alumnas que esta mañana estuvo presente en
el toriteo. Según ella, los directivos del colegio estaban al tanto de la
situación, en la que además estaría involucrado el hijo de una asesora legal
del colegio.
Otra
compañera aseguró que "todos sabían" que el joven solía llevar a
clases armas blancas. "Traía cuchillos y navajas. Él decía que era para
defenderse de los de sexto. Sabíamos que estaba teniendo problemas",
señaló.
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En esta circunstancia, el desarrollo de habilidades sociales, la capacidad de resolver problemas, de adaptarse a nuevos contextos son aspectos fundamentales en el proceso de crecimiento de un niño o niña y estas responsabilidades deben ir de la mano de las instituciones educativas y de las familias.
Pero en un medio como el nuestro, con su propia problemática de país tercermundista, suena a pura teoría.
Es entonces cuando la situación actual pide a gritos campañas agresivas contra estas conductas, profesionales realmente preparados en las escuelas, psicólogos que no estén de adorno o rayen en la indolencia y una legislación a nivel sector educación y a nivel país. Me disculpan si suena feo, pero no es justo que una manzana podrida haga daño a alguien cuyo único error es no odiar.
Yo personalmente puedo decir que fui acosado o víctima de bullying en tres etapas de mi vida y quizás por ello es que el tema se me hace especialmente sensible.
- La primera, a muy temprana edad. Tendría unos 4 o 5 años cuando empecé a asistir al jardín de niños de un famoso y caro (en ese entonces) colegio local. Por un tema de distancia, me pusieron una movilidad en la que eran transportados niños de distintas edades, pero había una que estudiaba conmigo. La recuerdo risueña, algo engreída por sus padres, sobre todo por su madre que era de esas absolutamente sobre protectoras, que ayudaban a subir a la niña al transporte, la esperaba afuera de casa con reloj en mano y asistía a todas las reuniones de padres de familia. Todo bien ahí en lo que cabe hasta que un día en que la movilidad fue a dejar a la niña a su casa la madre muy molesta sale, abre la puerta de la camioneta, me llama por mi nombre y me dice que por favor deje de molestar a su hija,que los niños deben portarse bien y deben respetar a las niñas. Recuerdo haberle respondido que no le hacía nada, muy confundido porque era totalmente cierto, yo a esa niña ni siquiera recuerdo haberle hablado. Pero lo que parecía ser una confusión terminó siendo motivo de tensión en mí. La mujer todos los días me decía de cosas, llegando incluso a gritarme diciendo que ya estaba harta de que su hija no quiera ir al colegio por mi culpa.
Pese a mis 4-5 años, recuerdo claramente reconocer que esa niña mentía, que yo no le hacía nada, ni siquiera le hablaba y que su madre o estaba loca o estaba haciendo caso a mentiras sistemáticas de una niña de esa edad. Nunca le dije a mis padres, nunca supe que pasó en realidad, solo se que llegué hasta a esconderme debajo de los asientos para que esa madre enloquecida no me dijera nada. Un día de pronto todo se detuvo. Con el paso de los años esa pequeña mentirosa llegó a ser una de mis mejores compañeras de infancia, lo que no quita aquel innecesario estrés a tan temprana edad.
- Luego tuve un acosador (yo la víctima de bullying) a los 7- 8 años. Ya para entonces era un niño super tranquilo y normalmente solitario. Y esto último no es que me afectara demasiado ya que no le daba mucha importancia a las amistades más allá de la escuela. Pero de buenas a primeras un niño se la agarró conmigo sin más. Para esto, recuerdo que antes que fijara su blanco en mí, tenía otra víctima, un pequeño niño (hablo de estatura) aún más tranquilo y tímido que yo al que llegó a traumatizar tanto que lo llamaba 'gato' y el era el 'ratón'. Recuerdo que sus ataques hacia mí empezaron precisamente porque un día lo defendí. Y no es que le diera un golpe o algo parecido, nunca he sido rudo sino todo lo contrario, es más, creo que me enfureció tanto que lo coaccionara que tiré al suelo su cartuchera y pisé sus lapiceros, desatando su ira y uniéndome automáticamente al club de buleados. Aquello fue terrible, el chico no me dejaba en paz un solo día, escondía mis cuadernos, botaba mis cosas, me empujaba, me movía la carpeta cuando escribía, rebuscaba mi mochila, me ponía el pie y en el colmo de los colmos, en una oportunidad me empujó haciendo que cayera por las gradas, perdiera la conciencia por unos segundos y tuviera lesiones importantes. Pasado ese episodio, en el colmo de su retorcida mente infantil, inventó que por mi culpa había perdido uno de sus borradores (yo tenía un borrador suyo al momento de caer) y que estaba en deuda con él porque su borrador había costado un sol y mi sangre valía diez centavos por lo cual le debía 90 centavos (no exagero, esas fueron sus palabras). Pude haber sido un niño en ese entonces, pero sabía reconocer cuando alguien andaba mal de la cabeza. Fui donde Julio, el 'ratón', un niño que prácticamente era un ente sin voz en clase, con su autoestima por los suelos y que se la pasaba llorando cada vez que ese 'gato' le hacía algo. Le aconsejé que le contara todo a sus padres. Me hizo caso, imagino que su familia una vez enterada de lo sucedido, se puso firme (muchas veces o los niños no cuentan o las familias hacen caso omiso o lo toman con desinterés) y luego de algún tiempo, la actitud del agresor cambió por completo de la noche a la mañana, fue un cambio del cielo a la tierra. Ahora era amable con la antes víctima. En cuanto a mí, desfogué mi infante ira de una manera poco convencional y de la que hasta ahora suelo arrepentirme. Pero esa es otra historia.
- Y la tercera etapa ya la conté alguna vez en este espacio. Ocurrió una vez que me cambiaron de escuela a una muy distinta al acomodado colegio del que tuve que salir por motivos familiares. Entre varios cambios también estuvo el toparme con personas con vicios a temprana edad, en especial uno de ellos, un tipo cuyo comportamiento correspondía al típico 'bacancito' del salón, que se jacta de ser popular y tiene a todos los otros como borreguitos en sus manos. Intentó hacer de mí su nuevo juguetito y vaya que lo logró al inicio, aprovechándose de mi falta de auto defensa, bondad y tranquilidad. Tenía en ese entonces una personalidad muy suave, muy indefensa. Y aunque me soplé algunos malos momentos, bueno varios, se me prendió el foco y comprendí que tenía que hacerme fuerte, que tenía que enfrentarlo a toda costa y que debía de cambiar. Que esa parte indefensa de mí tenía que morir y debía aprender a ser fuerte o seguirían aprovechándose de mí. Lo conseguí, no fue fácil, me costó dar un puñete y más difícil aún, ver morir a mi yo de antaño, a aquel niño al que todas las niñas del salón querían por su amabilidad e inocencia y nació, di a luz a mi yo actual, que conserva mucho del anterior, pero que tiene un vicio en lograr que alguien se piense al menos dos veces antes de hacerme daño o meterse conmigo.
Lo he conseguido, perdí parte de mi carisma infantil, adolescente, mi semblante cambió, mi lenguaje corporal cambió, pasé a convertirme en alguien muy serio, con 'temple' en los momentos de alerta aunque muera de nervios por dentro y puedo decir que aunque he tenido diferencias con varias personas, nunca más he sido víctima de acoso. Dejé de ser el niño débil y me convertí en un hombre observador, serio y muy listo.
No está bien ni mal, no pretendo que sea un ejemplo, solo fue mi instinto de supervivencia.
A lo que voy es que quizás mi historia no representa la de la mayoría, quienes dejaron de ser acosados solo cuando culminaron sus estudios, pero sí pienso que es importante y mucho, el manejar este tipo de temas con mucho profesionalismo. Está claro que en un caso de bullying en realidad vemos a las dos partes afectadas al final del hecho. El victimario en la mayoría de casos es un niño o adolescente con problemas de conducta ligadas a desordenes personales, frustraciones, heridas psicológicas y odio que converge en agarrar de punto a alguien que no puede defenderse. Lógicamente la victima es doble víctima, pues sin necesidad de tener un desorden de comportamiento, termina siendo acosada sin motivo alguno, solo por placer.
Ser víctima de bullying trae consecuencias. Uno puede superarlo pero vivir aquello probablemente otorga un hábito de instrospección y sensibilidad mayor. Si no lo dejas ir, puede seguirte doliendo a pesar del paso de los años, pero si por el contrario lo dejas ir, entonces se convierte en tu historia, en tu testimonio de superación. 'Sobreviví y no soy infeliz'. Te has convertido en una mariposa verde.
MARIPOSAS VERDES
No tienen el color del resto porque no vivieron como el resto, pero su color distinto les otorga una belleza muy especial.
Ser un sobreviviente, being a green butterfly.
Laura González, Miss Colombia 2017.
Laura fue Miss Colombia en 2017, una mariposa verde con una bonita historia detrás, una mujer que transmite como solo lo hacen quienes tienen dentro esa convicción lograda tras vivencias difíciles. Como una perla en el corazón.
'My family is my team. My mom, my dad, my grandies are the ones that helped me to make my dreams come true. When I was a little girl I was bullied. I was the fat girl of my classroom and it hurt a lot, but it showed me how to be strong and to look into de people soul. If I told the girl I was years ago that it would happen, she wouldn't believe me. I showed that girl that she could do anything she want with passion, with love. I am the same girl, just now in high heels'.
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Haber vivido esas experiencias y verlas desde aquí, me hace sentir alegre. No fui a un concurso ni hablé frente a un micrófono. Quizás mi vida no es interesante para una audiencia. Pero me siento contento de haber sobrevivido, de haberme hecho fuerte y de haber dejado en el pasado lo que ha merecido quedarse allí.
Es responsabilidad del ser desde que llega aquí hacerse fuerte, es responsabilidad de los padres cuidar a los hijos, es responsabilidad de los maestros educar en valores y sin mediocridad, es responsabilidad del sistema impulsar lo bueno y condenar lo errado.
Es potestad nuestra sonreír y seguir adelante.