La espondilitis anquilosante es una enfermedad que reduce los momentos de disfrute en tu vida a periodos mínimos. Prometo disfrutar al máximo la próxima etapa de remisión que espero llegue pronto.
sábado, 21 de febrero de 2026
HOME SWEET HOME
La espondilitis anquilosante es una enfermedad que reduce los momentos de disfrute en tu vida a periodos mínimos. Prometo disfrutar al máximo la próxima etapa de remisión que espero llegue pronto.
sábado, 7 de febrero de 2026
DOÑA SINHAZINHA
lunes, 26 de enero de 2026
INTRO/EXTRO
Saber callar es tan necesario para la armonía como saber hablar. La paz se encuentra cuando dejamos de ver la introversión como un problema y la empezamos a ver como un refugio. Respetar el espacio de quien elige el silencio es una forma de cuidado y respeto mutuo.
He dicho.
martes, 6 de enero de 2026
TE ODIO
El 20 de
diciembre de 2025 me cambiaron de oficina y al día siguiente ya sentía dolor.
Aquel que inicia como dolor muscular cada vez más intenso y termina con afección
generalizada e inflamación.
He tenido a la espondilitis
dormida desde hace más de un año y la fibromialgia a raya, con breves episodios
molestos pero que se solucionaban con tratamiento, masajes y medicación rápida.
Creí tener todo bajo control, planeé viajes, cursos, mi alma se llenó
nuevamente de esperanza. Supe que siempre la padecería pero que podía mantenerla
a raya.
Pero esta vez se que no ocurrirá eso. Mi espalda me duele, arde, confunde, hostiga y me recuerda que tengo una enfermedad de la que no moriré pero que mata en vida. La odio, la detesto, odio y detesto mis cicunstancias. Odio que no me deje ser feliz, odio que irrumpa en mis planes y no me deje desenvolver.
No se que hacer,
estoy emocionalmente conflictuado, soy demasiado fuerte para estar aquí sentado
mientras el fuego del dolor me consume pese a medicamentos e inyecciones. Soy
demasiado fuerte para no llorar aún cuando la fuerza de la afección consume
hasta el último milímetro de mi cuerpo.
¿Qué hacer? No
encuentro solución. Seguramente el sacro se me inflamará y seguirá un cuadro
generalizado de dolor e inflamación que podrá durar mucho tiempo y que
carcomerá mi voluntad para finalmente terminar abandonándolo todo. Una vez más
renunciando a mi seguridad y sueños. Vuelve aquel indeseado fantasma.
¿Ese será mi
destino cíclico? Ruego a Dios que no, ruego a Dios que todos los meses que
estuve en remisión regresen, pero el dolor agota, afecta mentalmente, me loquea
y atormenta. He tomado muchas pastillas y me hice poner muchas inyecciones. Me
siento aletargado, torpe, no tengo lucidez pero aún así, sumamente adolorido.
domingo, 4 de enero de 2026
VENEZUELA
Esta madrugada, el presidente de Estados Unidos ingresó a Venezuela y tomó prisionero a su dictador. Nadie habla más que de eso, es el tema de conversación en todos lados. Millones celebran la caída de aquel personaje siniestro y algunos pocos levantan la ceja y ven con recelo el accionar estadounidense ante la evidente violación de soberanía de una nación.
En redes los
usuarios se pelean defendiendo su postura y hay ataques ideológicos de uno y
otro lado. No solo allí, sino entre parejas, familias, amigos, todos tienen
algo que decir.
En cuanto a mí y
como muchas personas, mi corazón está más del lado de la izquierda que de la
derecha. En las últimas elecciones nacionales he votado por alguna variación de
ella. Pero así mismo descubro que lo que me separa de la izquierda oficial es
el corazón.
Y es que mi primer
impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la
provocó- Trump no despierta en mí ninguna simpatía- sino por los millones de
venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por
las madres que no han visto crecer a sus hijos, por lo profesionales haciendo
de mil oficios en ciudades extranjeras. Por lo que murieron intentando un
futuro mejor.
La izquierda
visceral piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego
la injerencia y al final (muy al final) los venezolanos.
Entiendo el
razonamiento, conozco la historia de las intervenciones. Sé que Estados Unidos
no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo
entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria
que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría por todo
el mundo y que siempre tienen un ‘pero’ listo antes que un abrazo.
Preferiría (obviamente),
que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano, pero se (y la
historia lo enseña) que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión
internacional.
Hoy los
venezolanos celebran, las calles de Caracas se llenan de una esperanza que
creímos muerta, bien por ellos, al final de la tormenta debe salir el sol,
aunque sea un atisbo de sol.