Hoy fue un día bueno.
Y es raro porque no pasó mucho.
Una que otra noticia política por el día #100 de la cuarentena.
Mi examen oral de portugués quedó muy bien, elogiaron mi pronunciación y espero mejorarla y pulir todo en los próximos cinco meses que quedan de clases.
Avancé bastante rápido el trabajo de la empresa que había acumulado y no lo sentí como carga, ya he logrado dominar el sistema y hasta me divierte, quizás les ocurre lo mismo a las compañeras de mi grupo de trabajo virtual a las que estuve criticando estos días por acabar sus tareas y gestiones tan rápido.
Ya bien entrada la noche he oído varias canciones actuales y algunas retro, el domingo subiré la segunda parte de mis top y ya tengo candidatas. Realmente varias me han tocado el bobo (corazón) y creo que así pasen 50 años, me regresan al momento y a la sensación.
Esta noche trabajé cantando a viva voz, tal como lo hacía hace quince años atrás, solo que aquellas veces, junto con mis tareas.
Me recuerdo a mí mismo como un adolescente solitario, iluso y algo reprimido por la premisa de lo bueno y lo malo, pero eso sí, cuando llegaba a un punto de ansiedad sobre ello, siempre optaba por hacer a no hacer. Era como una ráfaga de adrenalina invadiendo mi cuerpo, una sensación inexplicable que me quemaba por dentro y me llevaba a hacer cosas nunca imaginadas.
Hoy mientras oía algunas canciones de la década pasada, podía imaginar un viaje en el tiempo, al pasado y verme a mí mismo oyendo esas canciones en mi cuarto mientras tenía muchos temores, muchas ilusiones y mucha vida por delante según mi mente joven. Me vi ahí emocionado con aquellos temas y quise abrazarme, quise darme algunos consejos, quise encararme y darme instrucciones precisas, una o dos que podrían cambiarlo todo, absolutamente todo.
Pero decidí no hacerlo, porque no se puede y porque no quiero. Nada que cambie las cosas, nada que le de un mega giro a mi existencia.
Mi yo del pasado sabe lo más importante: siempre será mejor hacerlo, te puedes corregir y sacar lecciones y experiencia, pero nunca te arrepentirás. Lo sabe desde muy joven.
Bueno, tampoco es que solo miraría, algo entretenido hay que hacer o sería un mal fan de la serie 'Dark'. Quizás hubiese abierto aquel libro 'El tercer ojo' y hubiese subrayado un pasaje en el que Martes Lobsang Rampa decía que en la vida no podemos construir nuestro destino, pero sí nuestros días. Y al final, el objetivo es evolucionar en cuerpo y en espíritu y ser feliz.
Además, una notita traviesa:
No sabes todo lo que te espera muchacho. Prepárate para llorar a cántaros pero también para reir y mucho. Sigue viendo tu vida como un libro tragicómico, siempre será lo mejor. Así lo bueno alentará tus días y lo malo un día, al recordarlo, te hará divertir.
Ahora sigue oyendo tus canciones y continúa cantándolas a todo pulmón, lo volverás a hacer en quince años, en medio de una pandemia, mientras realizas teletrabajo en la comodidad de tu cuarto y te recordarás con nostalgia flaquito, ruloso y sin lentes (no te preocupes, te vas a acostumbrar a ellos y serán azules como te gusta).
Ahora sigue oyendo tus canciones y continúa cantándolas a todo pulmón, lo volverás a hacer en quince años, en medio de una pandemia, mientras realizas teletrabajo en la comodidad de tu cuarto y te recordarás con nostalgia flaquito, ruloso y sin lentes (no te preocupes, te vas a acostumbrar a ellos y serán azules como te gusta).
Firma: tu yo del 2020.

