Despierto temprano, veo que aún está oscuro pero ya no puedo dormir, los últimos días han sido agitados y me invade una especie de adrenalina nerviosa. Creí poder tenerlo todo listo por ser vacaciones pero como siempre he dejado las cosas más importantes para el último, hemos dejado quiero decir, porque siempre lo hacemos. Siempre dejamos detalles que nos estresan a última hora. Decido levantarme, tengo que colocar algunas cosas que acabo de recordar en mi maleta pequeña.
No hago muchas cosas cuando me doy cuenta que el tiempo transcurrió con rapidez (como siempre los últimos años) y decido llamarlo. Me dice que ya está listo, que nos vemos en el aeropuerto. Me despido a la volada de los que encuentro en mi camino y ya se despertaron, la mayoría porque es lunes muy temprano.
Llega el taxi que pedí por teléfono (sí, odio Uber y todo eso, siempre me fallan), generalmente recurro a los taxis que pasan por la calle pero como es un viaje algo largo y me tiene que dejar dentro del aeropuerto pensé que sería mejor pedir uno de empresa (pero por teléfono, no por app). Voy en camino, el cual siempre pero siempre me parece largo cuando se trata de ir al aeropuerto. Paso por la zona donde trabajo, no la veía desde que salí de vacaciones y caigo en cuenta que pronto estaré de regreso, un sentimiento pasajero de flojera me invade, pero es reemplazado rápidamente por la adrenalina nerviosa de esta madrugada.
En el aeropuerto no me doy abasto para coger mi maleta y mochila al mismo tiempo que busco mi celular en el bolsillo. Intento llamarlo, digito su número el cual es el único, a parte del mío, que me se de memoria. No es necesario terminar, veo su nombre en la pantalla, me está llamando y me dice que está al frente mío, al fondo en una de las sillas del primer nivel, me hace señas con la mano. Lo logro divisar, me dice que no vaya, que el viene por mí.
Nos saludamos, lo veo algo nervioso o igual que yo, algo ansioso por el viaje. Nos dirigimos al counter, entregamos nuestros documentos y los check in impresos. Todo en orden, no nos dicen nada por las maletas, nos preocupamos más de lo debido. Lo miro, hace lo mismo y me dice '¿Ya ves?, me lo dice casi siempre, porque casi siempre me preocupo más de la cuenta. Pero soy así, me angustia no tener todo extremadamente planeado. Odio las sorpresas ingratas.
Todo pasa muy rápido y ya estamos en la primera escala. Caminamos con nuestras maletas en dirección a las escaleras eléctricas que te llevan al primer nivel de ese enorme aeropuerto. Veo el celular, falta una hora para volver a abordar, tiempo suficiente para comer algo. Recuerdo que me prometí en el viaje anterior, pensar más en los desayunos, pues él está acostumbrado a raciones generosas en la comida matutina. Le pregunto si siempre haremos lo del video, ir a comer afuera, me dice que sí. Sabía que me diría que sí, debe tener incluso más hambre que yo.
Lo que sucede a continuación es simplemente estar feliz, faltan minutos para llegar, finalmente, a ese lugar o zona del país que nos albergará por varios días. Miro sus ojos curiosos mientras se detienen en la pantalla en lo alto que indica que ya estamos sobrevolando nuestro destino final. Aterrizamos. Dejamos que la mayor parte de la gente salga, sacamos nuestro equipaje. Salimos del avión, el lugar, no lo hemos visto antes, es nuevo y por lo tanto, emocionante.
Tomamos un taxi y empezamos a apreciar por primera vez lo que habíamos visto antes en videos. El momento llegó y me invade la sensación de que el esfuerzo y la paciencia pueden desembocar en una experiencia buena como esta. No hay plazo que no se cumpla y ese día llegó. En el carro le hago una mueca de beso, me la devuelve, me dice que está contento y si me lo dice es porque lo está. Y además se cuando lo está. Y lo está.
Nos instalamos en el hotel, le digo que salgamos ya. Me dice que se duchará primero, que descansemos un rato, le digo que no, que salgamos, hay muchas cosas por hacer. Se tira en la cama teatralizando agotamiento, me jala, hago lo mismo intentando levantarlo y mostrándole la hora en mi reloj. Siempre, siempre pasa exactamente lo mismo y a pesar de saberlo lo repetimos una y otra vez en cada viaje, creo que es nuestra manera de estar felices. Volveremos a ser él y yo por pocos pero valiosos días. Amo este Abril, lo soñé desde hace meses y no hay satisfacción más grande que cristalizar tus planes, es un alimento al alma y psiquis.
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Esto nunca sucedió.
Hoy debía culminar el viaje, el cual ni siquiera inició.
Hoy mi celular nuevo debía estar lleno de fotos y mi mente llena de recuerdos. Nada de eso existe, ni el celular nuevo, ni las fotos ni recuerdos. Y realmente no se trata del viaje, se trata de los planes, se trata de la vida, del pasar sobre el tiempo y no del tiempo sobre ti.
Este año 2020 el mundo fue sacudido por la pandemia del Sars Covid-19, un virus altamente infeccioso que llegó (oficialmente) al país el 06 de Marzo. Nueve días después la población fue ordenada a entrar en un aislamiento social obligatorio, con la suspensión total de actividades no esenciales (salvo venta de alimentos y medicamentos) por un lapso de tiempo que se extenderá hasta casi los dos meses. Pese a esta radical medida, las cosas no han mejorado sino todo lo contrario, han ido empeorando al punto en que, en una semanas, nos debatiremos entre el miedo de salir y exponernos a la enfermedad o las graves consecuencias sociales, económicas y mentales que acarrean la detención de nuestras actividades comunes y cotidianas.
Expertos en epidemiología ya han adelantado con mucha claridad, que hasta que no exista una vacuna (prevista para el próximo año) nuestra forma de vida no será la misma. Deberemos (ya lo andamos haciendo) modificar nuestros hábitos sociales y conductuales hasta entonces y solo recién quizás, nuestra vida pueda ir regresando, poco a poco, a la 'normalidad'. Mientras tanto, nuestro precario sistema de salud ha quedado evidenciado y la real posibilidad de caer enfermo en estas circunstancias o enfermar a un ser querido, son un constante hincón a la fe y esperanza. Un descalabro mental que tiene en vilo a la humanidad.
Una molécula tiene domado al autodenominado ser más inteligente de la historia de este planeta.
Y si la pregunta es en qué queda todo lo primero, pues la respuesta es bastante menos que esperanzadora. NO LO SE. No se ni siquiera que pase mañana. Por lo pronto NO lo veo hace meses y en el mejor de los casos no lo veré hasta en algunas semanas más. El poco contacto entre todos ha hecho que las redes y plataformas web formen parte de esta sociedad que ha sido obligada a depender de el contacto virtual. Así se resumen nuestras relaciones sociales y en muchos casos (mi caso) afectivas. Pero aquí no hay culpables, al menos oficialmente no (lo siento teoristas conspiracionistas) ni siquiera es culpable el Sars-Covid-19 porque no se le puede llamar culpable a algo que ni siquiera es una bacteria, incluso no es un ser vivo.
Vaya ironía de la vida (y de la muerte) este año 2020 parece ser el guión de una película escrita por un ser perturbado y que ha querido atormentar nuestros días. El año negro.
Una canción de mierda para un año de mierda
Y me sentía triste a inicios de Febrero, no entendía por qué, quizás mi ser etéreo tuvo la premonición de que las cosas no serían ni por asomo como las imaginé. Dilución de la mente.