lunes, 26 de enero de 2026

INTRO/EXTRO

 Hoy estoy con un molesto dolor de espalda baja y con el pavor de saber que es el primero de seis largos días para esa parte de mi cuerpo. Inicio así y espero terminar sin dolores adicionales lo cual sería casi milagroso.

En fin, llegué a la oficina en la que hay módulos de más de una decena de entidades públicas y resulta que se fue la luz por varios minutos. Como no había nada que hacer veo a mi alrededor y muchos se pusieron a conversar entre sí en voz alta y algunos otros se quedaron sentados sin nada que hacer en sus ventanillas. Introvertidos vs Extrovertidos.

Introvertido: El representante del INPE que está justo a mi costado y que a duras penas responde el saludo de buenos días. Tiene un libro que va leyendo cuando no hay gente y no interactúa con nadie. En los almuerzos se sienta en la esquina del fondo del comedor. Muy en su onda él.

Extrovertido: El representante del MININTER, el cual se pasea por toda la oficina saludando a todos en voz alta y que pone su parlante a full volumen todos los días antes que empiece a ingresar el público. Es muy amigo de los supervisores y tiene todo el perfil de amigo de todos. 

Solo un par de ejemplos de estos distintos rasgos de personalidad. 

Mientras echaba una vista panorámica a los distintos escenarios, me puse a pensar:

En general, en el día a día, en cualquier lugar,

¿Por qué todo el mundo obliga a los introvertidos a salir de su zona de confort y nadie obliga a los extrovertidos a callarse un ratito?

Saber callar es tan necesario para la armonía como saber hablar. La paz se encuentra cuando dejamos de ver la introversión como un problema y la empezamos a ver como un refugio. Respetar el espacio de quien elige el silencio es una forma de cuidado y respeto mutuo. 

He dicho.

martes, 6 de enero de 2026

TE ODIO

 

El 20 de diciembre de 2025 me cambiaron de oficina y al día siguiente ya sentía dolor. Aquel que inicia como dolor muscular cada vez más intenso y termina con afección generalizada e inflamación.

He tenido a la espondilitis dormida desde hace más de un año y la fibromialgia a raya, con breves episodios molestos pero que se solucionaban con tratamiento, masajes y medicación rápida. Creí tener todo bajo control, planeé viajes, cursos, mi alma se llenó nuevamente de esperanza. Supe que siempre la padecería pero que podía mantenerla a raya.

Pero esta vez se que no ocurrirá eso. Mi espalda me duele, arde, confunde, hostiga y me recuerda que tengo una enfermedad de la que no moriré pero que mata en vida. La odio, la detesto, odio y detesto mis cicunstancias. Odio que no me deje ser feliz, odio que irrumpa en mis planes y no me deje desenvolver.

No se que hacer, estoy emocionalmente conflictuado, soy demasiado fuerte para estar aquí sentado mientras el fuego del dolor me consume pese a medicamentos e inyecciones. Soy demasiado fuerte para no llorar aún cuando la fuerza de la afección consume hasta el último milímetro de mi cuerpo.

¿Qué hacer? No encuentro solución. Seguramente el sacro se me inflamará y seguirá un cuadro generalizado de dolor e inflamación que podrá durar mucho tiempo y que carcomerá mi voluntad para finalmente terminar abandonándolo todo. Una vez más renunciando a mi seguridad y sueños. Vuelve aquel indeseado fantasma.

¿Ese será mi destino cíclico? Ruego a Dios que no, ruego a Dios que todos los meses que estuve en remisión regresen, pero el dolor agota, afecta mentalmente, me loquea y atormenta. He tomado muchas pastillas y me hice poner muchas inyecciones. Me siento aletargado, torpe, no tengo lucidez pero aún así, sumamente adolorido.

Quiero salir corriendo y dormir por meses, no quiero vivir así y no tengo la menor idea de cómo solucionar lo que siento ahora. Creí tener en la palma de la mano la enfermedad pero la verdad es que no tengo ni idea de que hacer ahora.

Mi voluntad está al límite y mis ganas de rendirme aumentan cada segundo más. Auxilio.


domingo, 4 de enero de 2026

VENEZUELA

 Esta madrugada, el presidente de Estados Unidos ingresó a Venezuela y tomó prisionero a su dictador. Nadie habla más que de eso, es el tema de conversación en todos lados.  Millones celebran la caída de aquel personaje siniestro y algunos pocos levantan la ceja y ven con recelo el accionar estadounidense ante la evidente violación de soberanía de una nación.

En redes los usuarios se pelean defendiendo su postura y hay ataques ideológicos de uno y otro lado. No solo allí, sino entre parejas, familias, amigos, todos tienen algo que decir.

En cuanto a mí y como muchas personas, mi corazón está más del lado de la izquierda que de la derecha. En las últimas elecciones nacionales he votado por alguna variación de ella. Pero así mismo descubro que lo que me separa de la izquierda oficial es el corazón.

Y es que mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó- Trump no despierta en mí ninguna simpatía- sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos, por lo profesionales haciendo de mil oficios en ciudades extranjeras. Por lo que murieron intentando un futuro mejor.

La izquierda visceral piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la injerencia y al final (muy al final) los venezolanos.

Entiendo el razonamiento, conozco la historia de las intervenciones. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría por todo el mundo y que siempre tienen un ‘pero’ listo antes que un abrazo.

Preferiría (obviamente), que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano, pero se (y la historia lo enseña) que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional.

Hoy los venezolanos celebran, las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creímos muerta, bien por ellos, al final de la tormenta debe salir el sol, aunque sea un atisbo de sol.

Y yo, que sigo siendo afín a la centro izquierda, precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.

Ya vendrán meses y meses para analizar, criticar, contextualizar, defender, levantar cejas y para los venezolanos la tarea de defender a su país de las evidentes intenciones estadounidenses. Pero hoy solo queda poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente , no de los mapas.