No sé, pero me encantaría volverte a llamar 'mami'.
Algo pasó en el transcurso de los años que me hicieron llamarte por tu nombre o simplemente 'mamá'. Para algunos desconcertados, eso puede sonar poco cariñoso o hasta poco respetuoso, pero tú y yo sabemos que no es así.
Cada célula de mi cuerpo, cada fugaz recuerdo y cada segundo que vivo están impregnados de tu presencia real. Eres la minuciosa autora de lo que soy. No tengo que llamarte mami ni madre para saber quién eres.
Desde tus esporádicos gritos dentro de las paredes de nuestra casa cuando era pequeño, hasta tus persistentes arrumacos cuando llegaba triste a casa. Desde tus apasionamientos y tus descuidos, todos siempre serán sellos indelebles que me han esculpido poco a poco.
Me encanta llamarte por tu nombre porque va de acuerdo a tu personalidad, tan moderna y analizadora. Tu nombre como canta Serrat, me sabe a hierba. Eres flamante cada día, llena de vida y representas la Vida.
Nada te desploma con facilidad, alimentas con tu mesa servida y con tu sonrisa.
Eres simple, no planeas demasiado, te basta saber que seguirás amando hoy como mañana y eso te hace feliz y nos hace felices.
Yo largazo y tú pequeña. Sí ... dicen que nos parecemos mucho aunque pueda que tengamos muchas diferencias por fuera. Pero al quedarnos solos, al mirarnos a los ojos, nos reconocemos como dos hojas de un mismo árbol en medio del bosque. Me encanta que seas tú, exactamente tú, como una taza de café con leche con seis cucharaditas de azúcar, pero en la que después de esa dulzura intensa, me queda su sabor único y sublime. Asi quédate para siempre, tibia, original y para mí solito.
En un rinconcito de mi corazón agreste existirás como una galaxia escondida que solo yo recorreré. Quiero que en el idioma que solamente tú y yo conocemos, una pequeña línea de mi mano,sea el trazo sencillo y la firma de tu nombre.
Gracias por enseñarme a encontrar las respuestas en el silencio, gracias por enseñarme a cuidarme y a no dejarme llevar por las palabras bonitas y por las sonrisas falsas y aunque sé que muchas veces te he fallado, sé que a pesar de todo tu cariño siempre es incondicional.
Me gusta recordar cómo apretaba tu mano cuando me sentía inseguro y sentir esa sensación de protección tan grande y tan inmenso, que te creía invencible, omnipotente. Y hoy, cuando tú me cedes el paso para que yo vaya por delante, me doy cuenta que la ley de la vida me obliga a protegerte, ahora darte a tí todo lo que un día me diste a mí.
Me gusta recordar nuestras noches solitarias, cuando todo lo que hacíamos era poner la música disco ochentera a todo volumen y hacer de nuestra casa nuestro mundo. Cuando me enseñaste que la mejor música no es la que se baila, que la mejor letra no es la que se entiende, sino la que nos transporta a rincones de nuestras almas que son solo nuestros. Tú y yo solitos, solo teniéndonos el uno al otro, pero era más que suficente.
Me gusta recordar cuán distinta eras a todas las madres. A tí que nunca te gustó cocinar, tú que detestabas ir y conseguir lo que me pedían en el colegio, tú la que no me vestías con camisas ni trajes de etiqueta, tú que me llevabas a lugares donde la mejor manera de entenderlos era caminando por sus confines con los pies desnudos. Tú que no te emocionabas cuando te mostraba una diploma, porque decías que estabas acostumbrada, tú que me enseñaste a respetar a todo lo que vive... tú que me enseñaste a adentrarme en el impresionante mundo de los libros y la lectura, tú que enriqueciste mi vocabulario sin quererlo y que hoy me permites plasmar con fidelidad y con palabras todo lo que siento. Tú que últimamente me observas y sabes que en mí está el de siempre pero con un sentimiento distinto, nuevo, que me asusta pero me atrae cada día más. Tú que me enseñaste que a las mujeres se les trata como reinas.
Hoy que vivo una etapa en mi vida que tal vez nunca decida contártela y que tal vez tu intuición te la anuncia lentamente, como zuzurrándotela, yo lo sé, siempre sabré que si llega ese día te apenarás en silencio, desearás que mis palabras sean falsas y las circunstancias otras, muy distintas, como las deseas para mí, pero al día siguiente me verás y sabrás que sigo siendo el mismo, un pocazo más grande, menos ingenuo y más testarudo, pero tu hijo para siempre y tu mi madre hasta el día que cierre mis ojos. Y por sobre todas las cosas desearás que sea feliz.
Y cuando no estés, en la eternidad ya hay un reino inmenso que llevará por siempre tu nombre.
Eres mi madre, esa persona que me aceptó sin conocerme.
Feliz día princesa, feliz día mamá, feliz día MAMI.




