Vivir tardes sin tiempo,
Noches sin temer su oscurecer.
Casi olvidaba lo hermosa que puede llegar a ser una noche de primavera.
Oir y oir, cantar y cantar. Oir y cantar entregado a la música y sin mucho pensar.
De vez en cuando es bueno detenerse un instante a disfrutar de estos pequeños momentos solitarios, gratuitos y muy míos.
Divinos momentos que me hacen recordar aquellas viejas épocas de adolescencia en las que solía ser yo mismo mi más leal y atractiva compañía.
Era yo y yo. Una unitaria e infranqueable sinfonía.
Era yo y yo. Una unitaria e infranqueable sinfonía.