Los juegos mecánicos son esos aparatos destinados a hacernos experimentar a nosotros, seres tridimensionales, sensaciones y efectos por las que no pasamos comúnmente, como el vacío y la adrenalina extrema en pocos segundos.
Y es que cuando te subes a ellos, voluntariamente u obligado por la presión de tus amigos o de tu propio ser tipo 'está bien ya que estoy aquí sería aburrido solo mirar', asumes que lo que llegue a suceder a continuación no lo podrás evitar.
Cuando era muy pequeño había uno que me llamaba la atención pero al que no decidía subir: LA SAMBA. Ese que da vueltas vertiginosas y en las que tu instinto te ordena simplemente 'no soltarte'.
Vivir es como subirse a La Samba.
Con un sinfin de vueltas, todas distintas, alguna llenas de furia y rapidez, otras lentas y en sosiego.
Y es que cada una tiene su utilidad y suelen ser afrontadas mejor cuando tienes a alguien a tu costado. Las rápidas para sentir el vértigo, el vacío, para aprovechar la circunstancia y sentirte parte de ese armazón de tuercas y engranajes, sirven también para gritar, reír y disfrutar. Las lentas en cambio sirven para pensar, replantearte, acomodar tu posición, darte una mirada cómplice con la persona que está a tu costado y sentirte nuevamente seguro para el nuevo sacudón que pronto se acerca.
La vida no es una burbuja. La vida no es estática. La vida no es perfecta. Ni la tuya ni las otras. Cada quien tiene su propia historia. Cada quien tiene sus propias alegrías y sus escondidas tristezas.
Vivir es reír desenfrenadamente un día y entristecerte por lo que puedas ver otro día.
Nuestra existencia, como La Samba, tiene reglas elementales, pero no un manual de 'como subirse' o 'como mantenerse sujetado' o 'como exprimir cada segundo de la experiencia'. Cada uno va escribiendo su propio manual durante las vueltas suaves para utilizar esa información durante aquellos segundos en los que es muy difícil saberse controlar.
La vida no es ordenada, porque su propia naturaleza la hace ser completamente improvisada.
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Me gusta mucho una persona. Sentirlo cerca me hace sentir completo. No quiero que se sienta responsable por mí ni por nadie. No quiero ser su carga emocional, creo que de eso ya tiene bastante y lo estresa. Simplemente quiero que se sienta responsable por sí mismo y si lo logra hacer, entonces será un aporte para los demás.
Ayer nos subimos a La Samba. Habían algunas personas desconocidas y con sus fantasmas internos. Había también una niña. Estaba Vladimir y estaba yo. El juego empezó a funcionar. La Samba empezó a dar vueltas y las primeras víctimas cayeron, la niña se asustó, yo abri los ojos como platos y mi compañero intentando sostener a todos terminó dejando de lado su propio disfrute.
'Yo decidí subirme a 'La Samba' por propia voluntad y eso hubiera sucedido de todas maneras. Ahora estoy en ella junto a él. Y estamos aprendiendo día a día a sabernos acomodar y será algo de largo aliento, porque nuestro escenario es sumamente dinámico. Aquí no hay buenos ni malos. No debe haberlos tampoco. Aquí
hay dos mundos que tienen que aprender a conocerse y a mejorar juntos. No es cuestión de dejar de ser lo que uno es... es cuestión de observar lo bueno de la otra persona y absorberlo como una esponja. Él tiene muchas cosas buenas, algunas luego de reflexionar, y otras las hace sin darse cuenta, porque forman parte de él. Cuando esto último sucede, yo sonrío por dentro y me gustaría ser algun día asi y no es un tema de perder autenticidad sino de mejorar, porque para eso estamos acá.'
... ordenémonos en las vueltas lentas y las veloces nos congerán mejor sujetados.
... ordenémonos en las vueltas lentas y las veloces nos congerán mejor sujetados.

