lunes, 26 de enero de 2026

INTRO/EXTRO

 Hoy estoy con un molesto dolor de espalda baja y con el pavor de saber que es el primero de seis largos días para esa parte de mi cuerpo. Inicio así y espero terminar sin dolores adicionales lo cual sería casi milagroso.

En fin, llegué a la oficina en la que hay módulos de más de una decena de entidades públicas y resulta que se fue la luz por varios minutos. Como no había nada que hacer veo a mi alrededor y muchos se pusieron a conversar entre sí en voz alta y algunos otros se quedaron sentados sin nada que hacer en sus ventanillas. Introvertidos vs Extrovertidos.

Introvertido: El representante del INPE que está justo a mi costado y que a duras penas responde el saludo de buenos días. Tiene un libro que va leyendo cuando no hay gente y no interactúa con nadie. En los almuerzos se sienta en la esquina del fondo del comedor. Muy en su onda él.

Extrovertido: El representante del MININTER, el cual se pasea por toda la oficina saludando a todos en voz alta y que pone su parlante a full volumen todos los días antes que empiece a ingresar el público. Es muy amigo de los supervisores y tiene todo el perfil de amigo de todos. 

Solo un par de ejemplos de estos distintos rasgos de personalidad. 

Mientras echaba una vista panorámica a los distintos escenarios, me puse a pensar:

En general, en el día a día, en cualquier lugar,

¿Por qué todo el mundo obliga a los introvertidos a salir de su zona de confort y nadie obliga a los extrovertidos a callarse un ratito?

Saber callar es tan necesario para la armonía como saber hablar. La paz se encuentra cuando dejamos de ver la introversión como un problema y la empezamos a ver como un refugio. Respetar el espacio de quien elige el silencio es una forma de cuidado y respeto mutuo. 

He dicho.