Parece broma, pero uno sale rápido del trabajo y se va a casa, con prisa, para no llegar más tarde.
No por desesperación, sino por necesidad. Porque ahí está la calma que el día te quita, el silencio que acomoda el alma y el refugio donde el cansancio puede por fin descansar.
Afuera uno cumple, resiste y aguanta; en casa uno suelta, respira y vuelve a ser.
Y quizás por eso el corazón apura el paso, porque sabe que llegar, es en realidad ... volver a vivir.
Ando algo resfriado y el tiempo en la ciudad es frío por las tardes, con lluvias y en los últimos días, hasta hay tormenta. Pero ayer a pesar de eso me compré un helado, me asaltaba la necesidad de sentir un poco de satisfacción, un poco de vida en mi paladar, en mi día miserable atormentado por el monstruoso dolor.
Llegué a casa, me quité las prendas del día y aún cuando el dolor seguía siendo el mismo, al menos recostado en mi habitación me sentí en un lugar seguro, en el que me puedo permitir posturas que durante el día no podría, llorar un poquito y animarme a mí mismo con la idea de que estos episodios ya los he vivido antes y aunque arruinan la vida, en algún momento se calman.
A esa calma que un día retornará, le dedico el placer de haber tomado un helado.
La espondilitis anquilosante es una enfermedad que reduce los momentos de disfrute en tu vida a periodos mínimos. Prometo disfrutar al máximo la próxima etapa de remisión que espero llegue pronto.
La espondilitis anquilosante es una enfermedad que reduce los momentos de disfrute en tu vida a periodos mínimos. Prometo disfrutar al máximo la próxima etapa de remisión que espero llegue pronto.