Esta tarde y noche estuve algo confundido por el estado anímico de una de mis mejores amigas. Ella, quien alguna vez hace mucho me aconsejó 'cerrar capítulos y voltear la página' con tanta madurez y convicción, experimenta hoy lo humanamente difícil que es renunciar a algo, renunciar a alguien, con el objetivo de seguir el caminar, de seguir nuestra leyenda propia que es la aventura de la vida.
Aquí un texto para todo aquel que esté pasando por ese complicado momento que creo que todos sin excepción hemos experimentado o estamos destinados a experimentar alguna vez.
Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes permanecer en ella más del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como se lo quiera llamar. Lo importante es poder cerrarlos y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo? ¿Se acabó tu relación? ¿Ya no vives más en esa casa? ¿Debes irte de viaje? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente revolcándote en los 'porqués', en rebobinar la película, cada escena y tratar de entender por qué sucedió tal o cuál hecho. El desgaste es ya ser infinito, porque en la vida, tú, tus amigos, tus familiares, todas y todos estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió y hay que soltarlo, hay que desprenderse. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar.
El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta quién eres tú. Suelta el resentimiento. El prender tu 'televisor personal' para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando 'puertas abiertas' por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran? ¿Posibilidades de regresar? ¿Necesidades de aclaraciones? ¿Palabras que no se dijeron? ¿Silencios que lo invadieron? Si no los pudiste enfrentar en su momento, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque tú ya no encajas en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación...
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver.
Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo.
Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida. Recuerda que nada es vital para vivir, porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese 'adhesivo'. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate!
Desea felicidad, alas y buen viento, deja volar...
... y vuela tú también, se feliz.
Tú VAS a ser feliz.
Solo debes mantener tu mirada hacia adelante.
Diciembre.
Last month, last chance.

