Maestro y discípulo caminan por los desiertos de Arabia.
El maestro aprovecha cada momento del viaje para instruir al discípulo sobre la fe.
- Confía tus cosas a Dios - dice él -; Dios jamás abandona a sus hijos.
De noche, al acampar, el maestro pide al discípulo que ate los caballos a una roca cercana. Él va hasta la roca, pero recuerda las enseñanzas del maestro: 'Me está poniendo a prueba - piensa-. Debo confiar los caballos a Dios.' Y deja los caballos sueltos.
Por la mañana, el discípulo descubre que los animales han huido. Enfadado, busca al maestro.
- No sabes nada sobre Dios - protesta -. Le encomendé a él, el cuidado de los caballos, y los animales no están allí.
- Dios quería cuidar de los caballos - responde el maestro -. Pero, en aquel momento, necesitaba tus manos para atarlos.
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El amor es el sentimiento más puro que se puede sentir por alguien. Es una bendición. El amor lo es todo. Sin él no hay posibilidad de ser feliz.
El amor es hermoso. Y hay que saberlo cuidar. Es poderoso, es de cristal, no porque se pueda romper, sino porque hay que saberlo cuidar.
Dios nos da a los hombres la capacidad de amar y recibir amor. Y por ello, nos da también la responsabilidad de velar por él y defenderlo de cuanta prueba se presente en el caminar. Hay que estar atentos a los detalles.
Hay una mano poderosa que escribe la historia de nuestras vidas, esa energía nos guía con su sabiduría siempre, mientras honremos su palabra y protejamos lo que él nos dio.
Dios bendice el amor.
