miércoles, 5 de marzo de 2014

NOT TO RACISM


Año 1950. 

Un joven sudafricano, Nelson Mandela, de 32 años es apresado por soldados tras haber subido al tercer piso de un edificio por escaleras destinadas 'solo a gente blanca'. Aquello era considerado como delito. La población negra era discriminada en su propia tierra.  El 'Apartheid' estaba en plena boga. 

Año 2014.

Un jugador de fútbol brasileño es insultado por decenas de seguidores en un partido de fútbol en Perú. El hecho genera el rechazo internacional, incluso de los presidentes de Brasil y Perú.

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Sesenta y cuatro años después del inicio del Apartheid, el panorama parece seguir siendo desolador.

Ya no es un delito en la práctica que una persona de raza negra contraiga matrimonio con alguien de raza blanca, pero la sociedad cada vez alimenta más sus prejuicios y mientras unos se disgregan por la propia evolución social, otros crecen con mucha más fuerza. Veintidos años después del fin del Apartheid, la sociedad mundial aún agoniza en medio de innumerables actos de discriminación de todo tipo, siendo uno de los más comunes el racial.

En Perú, cuya población es irónicamente en su mayoría 'mestiza' (mezcla de distintas razas) la situación no es diferente. Desde la llegada de los españoles, los originales dueños de estas tierras pasaron a ser una suerte de 'raza de baja categoría', mientras los improvisados visitantes pasaron a ser 'la raza ejemplar'. Siglos después, la costumbre aún cala en lo más profundo de la población y día a día miles de peruanos sufren de discriminación racial. Como si ser blanco significara tener mayores capacidades que uno de otra raza, como si fuera un plus, como si la gente no se diera cuenta que finalmente la raza es solo una: la raza humana.

En una época en la que podemos obtener información mundial en cuestión de segundos o minutos no somos capaces de ver a los demás como nuestros iguales, tan humanos como nosotros mismos.

Es evidente que esta situación no cambiará en la proximidad. Pasarán muchas décadas y tal vez siglos hasta que la estúpida costumbre de sentirse mejor o superior por el tono de piel deje de ser una realidad latente. Y hasta entonces vale la pena contar con personas con cuyas acciones se vaya logrando el gran objetivo que es lograr erradicar esta semejante estupidez. Da verdaderamente cólera observar a personas que de alguna manera viven sufriendo cierta discriminación, serlos en otras categorías, como si el criticar a otros o hacerlos sentir inferiores constituyera un logro de vida.

Hablando a título personal, en esta etapa de mi vida siento aunque no de manera constante, en algunas cuantas oportunidades ciertos aires de prejuicio que tal vez me afectan algunas veces, así como otras no. Y creo que siendo así, me sentiría mal conmigo mismo al discriminar a alguien por sus características, sean cuales sean. 

Todos somos distintos y particulares en nuestras características y opciones, pero finalmente todos somos iguales, todos sentimos de la misma manera, queremos, soñamos, deseamos, confiamos... somos.

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Esta semana murió una de las artistas de uno de los grupos de música más populares del Perú. Sinceramente es poco lo que yo había sabido sobre ella o su música hasta que salió en las noticias, pero miles son sus seguidores. 

Al margen de la música que nos pueda gustar o no, creo que no hay nada que engrandezca más a un ser humano que el cultivar la tolerancia y el respeto por los demás, por las personas que no piensan igual que uno o sencillamente tengan otras preferencias. 

Varias voces se han pronunciado acerca de algunas opiniones racistas y discriminatorias en las redes sociales, algunas de manera muy sabia.

Sea como fuere, le queda a nuestra sociedad un largo camino por recorrer. Tal vez no llegue a ser testigo presencial de las mejoras que la propia evolución le otorga a la humanidad respecto a su apertura para ciertos temas, pero la sola idea de que todo un día sea mejor y que en algunas décadas la superioridad de alguien no sea dada por el color de la piel o la música que se escuche o deje de escuchar, basta para pregonar con el ejemplo. Tal vez desde nuestros propios casos no lleguemos a modificar a corto plazo lo ya existente, pero es suficiente serlo con uno mismo y tener la seguridad de que en este mundo mundillo, donde hablar inglés se escucha más bonito que hablar el milenario idioma quechua, las cosas un día puedan ser distintas.

Aquí el artículo de un presentador del país, en el que se refiere al caso del grupo de música del que escribo y a dos de los lamentables y vergonsozos comentarios de peruanos, con tintes discriminatorios.

"Nos duele, Edita". 
La columna de hoy de Aldo Miyashiro @ElMiyashiro: 

No sé cómo decirle a mi empleada que murió Edita Guerrero... no quiero que me pida un aumento. @techupolateta.

No sé cómo decirte que ha muerto una mujer que salía a trabajar por los suyos. Una madre que ha dejado dos hijos sin consuelo. Una artista que supo lo que era emocionar a más de cuarenta mil personas. Una hembra preciosa y serrana a mucha honra. No sé cómo decirte que no puedes burlarte del dolor de una familia ni puedes patear la pena del pueblo.

En la red social te haces llamar Marc Andrews Ferrari, te defines como ateo, amante de la música, guitarrista de aire, baterista de pupitre y cantante de ducha. Eres en esencia un músico como Edita, sin éxito, claro. Quiero creer que toda la mierda que hoy esparces sabrás limpiarla cuando alguien te preste atención, te diga que la rompes, te haga cariñito.

Me atrevo a apostar que en tus venas corre la misma sangre que Edita calentaba mientras miraba desafiante a la masa que coreaba cada palabra escondida en su corazón serrano. No sé cómo decirte que en otro país lo que has hecho sería un delito. No sé cómo decirte que te has portado como un pobre diablo.

Yo me imagino como chuparan hoy día por el "luto" de la cantante de #CorazonSerrano. Cholos alcohólicos vuelvan a su tierra. @chelsletts

Alguien menos prudente podría decir como una Letts se atreve a mandar a su tierra a los que son dueños de esa tierra. No voy a hacer eso. Voy a decirte que alguna vez cruzamos tuits y terminé leyendo a una chica capaz de emocionarse con un saludo por tele.

Nuestro país Chelsea ha permitido que nuestros ancestros vengan escapando de la guerra y el sudor de cada uno salvó a sus familias. Sobrevivieron. Y por eso estamos aquí: porque los peruanos, a los que insultas, a los que quieres mandar a su tierra, fueron generosos con los Letts, con los Miyashiro. En un gesto de paz los dejaron comer, los dejaron crecer, nos dejaron nacer.

Has tenido –calculo– una educación privilegiada. Has comido todos los días y tres veces. Nunca te faltó nada. Que no te falte grandeza para pedir disculpas. Y si alguien levanta el vaso para brindar por Edita, deja que su pena se convierta en plegaria y llegue hasta su tierra, un lejano país al que le dicen cielo. El cielo serrano que ya te debe haber perdonado.




Es tal vez aquella sangre serrana que tenemos la gran mayoría de los peruanos corriendo por nuestras venas o sencillamente la liberación de complejos lo que nos hace a muchos rechazar estos gestos tan ofensivos como absurdos.

No es el tono de tu piel lo que interesa, es el tono con el que te expresas.

Sintámonos bien por nuestros logros, por nuestro crecimiento y cultivo como personas, por lo que aprendemos cada día, por las mejorías que le otorgamos a nuestra persona, pero no por nuestro color ni por nuestras preferencias. 

Finalmente lo externo es eso, solo de la piel para afuera. 

#corazónserrano
#tediscriminassidiscriminas
#sermejoressertolerante
#ilovedamusic
#lamusicaesunasola:laqueseoye
#soloexisteunaraza:lahumana
#elracismoeslaignoranciadelodiferente